SUCEDEUn proyecto artístico de Ana AlonsoFormar parte

Lenguas · Artículo 04

Cuidar:
¿Pensar?
¿Sufrir?

Los tres gatos de Ana descansan juntos en un sillón gris, junto a unos libros.

Cuidar: pensar en algo, preocuparse por ello, hacerse cargo y permitir que siga existiendo

Hay palabras cuya etimología parece contener una filosofía entera. Cuidar es una de ellas.

En español decimos:

Cuido de ti.

La frase parece hablar de protección, asistencia o afecto. Sin embargo, si retrocedemos en la historia de la palabra encontramos algo inesperado: cuidar procede de pensar.

La RAE deriva cuidar del antiguo coidar, y este del latín cogitāre, «pensar». Más extraordinario todavía: cuidado procede del latín cogitātus, literalmente «pensamiento». El propio diccionario conserva entre las acepciones históricas de cuidar la de «discurrir, pensar».

Es decir, en algún estrato profundo de nuestra lengua:

cuidar algo era tenerlo en el pensamiento.

¿Y si cuidar no consistiera ante todo en hacer cosas por alguien, sino en concederle un lugar sostenido dentro de nuestra atención?

Español: de cogitare a cuidar

La evolución semántica resulta muy sugerente:

pensar en algo → ocuparse mentalmente de ello → prestarle atención → velar por ello → conservarlo.

No es difícil comprender el desplazamiento. Aquello que nos importa:

vuelve a nuestra mente.

Nos preguntamos qué necesita, advertimos los cambios, anticipamos problemas, recordamos detalles.

Por eso el castellano moderno reúne bajo cuidar dos dimensiones que tendemos a separar artificialmente:

atención y acción.

Decimos:

Cuidó mucho la redacción del libro.

Aquí no estamos asistiendo a una persona vulnerable. Significa:

puso atención, precisión, esmero.

Pero también:

Cuidó a su padre durante años.

Ahora aparecen presencia, responsabilidad y trabajo material.

Y:

Cuida las plantas mientras estoy fuera.

El cuidado significa conseguir que algo vivo:

continúe viviendo bien en nuestra ausencia.

La propia RAE organiza estas acepciones alrededor de diligencia, atención, asistencia, conservación y vigilancia.

Así entendido, cuidar tiene algo de temporal: no basta realizar una acción aislada. Cuidar suele exigir continuidad.

Noruego: una preposición separa duelo y cuidado

Estudiar noruego me depara a veces estas sorpresas que son como incursiones en una forma distinta de ver el mundo.

En bokmål:

sørge

significa:

estar de duelo, sentir pena.

Su origen está en el nórdico antiguo syrgja, relacionado con sorg, «pena, duelo».

Por ejemplo:

Hun sørger over tapet.

Llora / está de duelo por la pérdida.

Pero añadimos:

for

y aparece:

sørge for barna

que significa:

cuidar de los niños, procurar por ellos.

Una misma raíz produce:

sørge over → sufrir por algo perdido;

sørge for → cuidar de algo que todavía está presente.

Es una distinción lingüística extraordinaria.

El duelo mira hacia lo que ya no podemos proteger.

El cuidado mira hacia lo que todavía puede recibir nuestra acción.

Pero ambos nacen de la misma vulnerabilidad:

algo nos importa lo suficiente como para que su destino nos afecte.

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