Provocaciones · 01
Sacúdete los adjetivos
Una de las primeras cosas que aprende una escritora es a podar los adjetivos de su primera versión.
Siempre sobran más de la mitad.
Nos encantan. Ayudan a imaginar —aunque a menudo de una manera bastante vaga— y, sobre todo, sirven para clasificar. Pero, cuando se acumulan, encasillan, fosilizan y vuelven banales las imágenes.
La sobreadjetivación mata un texto.
Con una vida sucede algo parecido.

1. Mírate al espejo.
¿Qué tres adjetivos te vienen a la mente al contemplarte?
2. Sacúdetelos.
Sí, con las manos, como en mi precioso dibujo.
3. Ahora vete.
Sal a la calle sin esos adjetivos.
O quédate en casa, pero vive un día sin ellos. Sin confirmarlos ni desmentirlos. Sin obligarte a ser eso. Sin esforzarte tampoco por demostrar lo contrario.
4. Esto es una de las cosas que hacemos en mis talleres.
No parece gran cosa. Lo es.
5. Esto, en psicología, tiene un nombre: defusión.
Suena a operación de laboratorio químico, pero es la forma elegante de decir que un pensamiento manda menos cuando dejas de obedecerlo.
6. Pruébalo durante una semana.
Al final serás otro texto.
Más desnudo.
Más impredecible.
Más libre.
Eso no significa que vaya a mejorar nada.
Solo significa que has abierto una puerta que ya nadie podrá cerrar.
Otro día nos sacudiremos los nombres.