Martes · 22 de septiembre de 2026
NO ME VES
MOOD · Makthaverskan — Asleep
Hay una forma del dolor amoroso que resulta casi indecorosa: querer que alguien nos vea cuando sabemos que tiene derecho a mirar hacia otra parte.
No hay nada que reclamar.
La otra persona sigue siendo libre de amar a quien quiera, de marcharse, de no comprender, de soñar con alguien que no somos nosotros.
Pero su libertad no vuelve imaginaria nuestra herida.
A veces parecemos obligados a sufrir correctamente: sin molestar, sin insistir, sin enfadarnos demasiado, sin decir una frase que pueda parecernos excesiva al día siguiente. Como si comprender intelectualmente que nadie nos pertenece tuviera que anestesiar también el cuerpo.
Y hay días en que no.
Hay días en que uno querría salir fuera y gritar:
No me estás viendo.
Estoy aquí.
No para conseguir que el otro regrese.
Ni siquiera para que se vuelva.
Solo porque callarlo también puede convertirse en una forma de desaparecer.
Asleep habita precisamente ese lugar incómodo. Alguien está tan cerca que podemos imaginarlo durmiendo y, sin embargo, existe una distancia infranqueable: sus sueños ocurren en un territorio al que no tenemos acceso.
Hay canciones que sirven para comprender.
Ésta quizá sirve para otra cosa.
Para subir el volumen.
Escuchar Asleep →La pregunta
¿Qué querrías gritar si durante unos minutos no tuvieras que parecer razonable?
La obra
Nan Goldin — Nan and Brian in Bed, New York City, 1983
Dos personas comparten una cama y, sin embargo, la distancia ocupa casi toda la fotografía.
Ella mira.
Él está vuelto hacia otra parte.
Goldin fotografió durante años la intimidad precisamente desde ese lugar donde deseo, dependencia, vulnerabilidad y autonomía dejan de poder separarse limpiamente.
Aquí basta la dirección de dos miradas para contar una relación entera.
Ver la obra en el MoMA →El libro
Roland Barthes — Fragmentos de un discurso amoroso
Porque Barthes hace algo extraordinariamente raro: se toma en serio el pensamiento de quien ama.
La espera. Los celos. La imaginación. La ausencia. La escena que repetimos mentalmente. La necesidad absurda de una señal.
No intenta curar al enamorado ni enseñarle a comportarse mejor.
Escucha su lenguaje.
Y reconoce que, mientras dura, ese lenguaje constituye un mundo.
La película
Éric Rohmer — El rayo verde (Le Rayon vert, 1986)
Por Delphine.
Porque se siente sola y no consigue fingir que eso le da igual. Los demás parecen conocer las reglas de una ligereza social que a ella se le escapa.
Quiere algo que ni siquiera sabe formular del todo y, mientras lo busca, resulta incómoda, vulnerable, excesiva.
La película no castiga esa necesidad ni la convierte en una lección de autoestima.
Simplemente permanece junto a ella mientras espera ser encontrada —y ser vista—.
ASLEEP
Makthaverskan
Hay heridas que pueden respetar enteramente la libertad de otra persona y seguir siendo heridas.
No siempre tenemos que convertirlas inmediatamente en aprendizaje.
A veces podemos simplemente dejarlas sonar.
