SUCEDEUn proyecto artístico de Ana AlonsoFormar parte

Moods

Jueves · 15 de octubre de 2026

El lenguaje de mi vida

MOOD · Fontaines D.C. con Rosalía — Where Is Gone?

Hay una forma de intimidad que nace sin presentación. Una persona a la que nunca conoceremos deja su voz en el mundo y, al otro lado, algo nuestro responde. Unas palabras dichas lejos nos alcanzan con una precisión que cuesta comprender. Las escuchamos una vez. Volvemos a escucharlas. Empiezan a formar parte de nosotros.

Al escuchar Where Is Gone?, de Fontaines D.C. con Rosalía, pienso en esa extraña posibilidad de quedar asaeteada de amor por una voz. En la cercanía que puede crear alguien que ignora nuestra existencia. Hay una intimidad ahí: la de haber recibido algo que necesitábamos y que quizá hasta entonces no sabíamos pedir.

Solemos llamar banda sonora de nuestra vida a las canciones que nos acompañan. La expresión se me queda corta. Algunas canciones entran en el lenguaje con el que vivimos. Nos proporcionan una cadencia para pensar, una inflexión para reconocer la tristeza, una manera de acercarnos a lo que deseamos. Acabamos mirando ciertas cosas a través de ellas. Podemos apagar la música; lo que nos ha enseñado a sentir permanece.

Me interesa ese momento en que una obra empieza a intervenir en lo que somos. También sucede con un poema, con unas palabras de una novela. Años después, quizá hemos olvidado dónde las leímos, pero seguimos pensando con ellas. Les debemos una parte de nuestra atención al mundo. A veces me pregunto cuánto de lo que llamo mi voz procede de todas esas personas a las que nunca podré dar las gracias.

Esta canción me lleva hacia asuntos a los que vuelvo en mis poemas: la soledad, el amor, la dificultad de hacerle llegar al otro cuánto le amamos. Encontramos palabras, por supuesto. Decimos «te quiero». Podemos escribir páginas enteras. Pero entre lo que sentimos y lo que conseguimos expresar queda una distancia que también forma parte del amor. Queremos que alguien reciba algo de nosotros con toda su intensidad. Y solo podemos ofrecérselo de una forma incompleta.

Tal vez por eso una voz puede conmoverme tanto. Escucho en ella el esfuerzo de acercarse, la vulnerabilidad de quien pone algo en manos de otra persona sin saber qué llegará. Incluso la vacilación tiene sentido. Incluso lo que se queda a medio decir encuentra en mí un lugar.

Esta es mi manera de recibir la canción, el lugar desde el que hoy la escucho. Pienso en todas esas intimidades sin encuentro que se han vuelto inseparables de mi vida. Alguien canta lejos. Yo aprendo aquí una palabra que me faltaba, aunque esa palabra no pueda escribirse.

Yo llevo conmigo algunas voces que nunca sabrán que las llevo.
Escuchar Where Is Gone?, de Fontaines D.C. con Rosalía →

La pregunta

¿Qué canción se ha vuelto parte del lenguaje de tu vida?
Retrato de una mujer de cabello cobrizo recogido y flequillo, con la mirada baja, vestido negro y joyas doradas y de perlas, sobre un fondo cálido.

La obra

Éxtasis de santa Teresa — Gian Lorenzo Bernini

Pienso en la flecha y en ese cuerpo al que una experiencia interior le cambia el gesto. La acerco a la canción por la intensidad física de recibir algo que nos desborda: esa voz que atraviesa antes de que sepamos explicar qué nos ha ocurrido.

Acercarse a la obra →

El libro

Fragmentos de un discurso amoroso — Roland Barthes

La persona enamorada busca palabras para una experiencia que la deja sola incluso cuando habla. Estos fragmentos acompañan esa insistencia: volver a decir, tantear una frase, esperar que esta vez llegue al otro algo de lo que sentimos.

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La película

Retrato de una mujer en llamas — Céline Sciamma

Dos mujeres aprenden a mirarse y ese aprendizaje perdura. La música participa de lo que sigue vivo entre ellas. Me acompaña por esa intimidad que encuentra un lugar en la memoria y continúa transformándonos cuando el encuentro ya ha terminado.

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